domingo, 29 de mayo de 2016

Biergarten Waldwirtschaft. Por Mamá de Luceros

Uno de mis biergarten preferidos es la Waldwirtschaft, apodado la WaWi por los muniquenses. Como su nombre indica, está rodeado de bosque, por lo que es un entorno ideal para desconectar del mundanal ruido y pasar un rato agradable con la familia a la sombra de los castaños.

Nosotros solemos sentarnos cerca de la zona de columpios, que está vallada. Allí mis luceros escalan, se tiran por el tobogán y se lo pasan en grande jugando con la arena y haciendo riquísimos “pasteles y helados” de este versátil material (siempre nos llevamos una bolsa con todo tipo de utensilios para jugar con la arena). Asimismo, hay otras atracciones de pago: cuatro camas elásticas, barcazas y un mini-golf.

Además de la comida y la bebida típica de estos establecimientos, hay un puesto de crêpes y otro de pescado. Como en el resto de los biergarten tradicionales, os podéis llevar la comida y adquirir allí solo la bebida.

Si el tiempo no acompaña mucho, podéis entrar en el restaurante —muy acogedor, de madera— o sentaros en la terraza, que está cubierta con un toldo impermeable que extienden cuando caen los chaparrones de verano.

Lo más original de este biergarten es que los fines de semana tocan bandas de jazz en directo. Es muy agradable charlar con el jazz como música de fondo. Y los niños se lo pasan en grande viendo a los músicos tocando sus instrumentos en vivo en directo, y bailando y correteando alrededor del escenario. 

La WaWi está en el sur del Múnich. Se puede llegar en bicicleta por el Isar, en S-Bahn (la parada Isartalbahnhof-Großhesselohe está a unos 10-15 minutos a pie) o en coche.

waldwirtschaft.de

miércoles, 18 de mayo de 2016

Aceite de oliva, del bueno, del muy bueno, en Múnich

Hace un par de semanas tuve el placer de conocer a una pareja de andaluces que llevan bastantes años viviendo y criando a sus tres niñas aquí en Múnich, pero haciendo lo posible porque no crezcan sintiéndose alejadas de sus raíces. Vamos, que me sentí muy identificada con ellos.

Además de llevar su vida adelante con los coles, los trabajos, la vida social y todo lo demás, se dedican a importar aceite de oliva del bueno. Y cuando digo bueno, en serio que sé a qué me refiero. Y sé que los españoles que me estéis leyendo lo sabéis también, por algo le llamamos "el oro líquido" y es el ingrediente más básico de nuestra gastronomía.

Acercar nuestras raíces y nuestra cultura a los hijos que tenemos aquí, no es sólo hablarles en español o ponerles música española. Para mí es fundamental que en casa se coman gazpachos, croquetas, cocidos, pucheros, tortillas de patatas, y a mis hijos les encante el pan con aceite en las tostadas por las mañanas. Vamos, es que cuando me piden pan con aceite para desayunar, pienso para mis adentros: "¡Ole! ¡Matrícula de honor en maternidad española expatriada! ;-)

Pero... tampoco es que sea tan fácil encontrar un aceite de oliva español del bueno, ¿verdad? Sí, vale que en los supermercados se encuentran (una de cada diez marcas expuestas es española, las otras son italianas), pero son esas ridículas botellitas de 75cl que a ver qué hago yo con eso en mi casa, ¡si en mi casa lo que necesitamos son garrafas de 5 litros!

Pues en esas me encontraba cuando conocí a esta pareja, que, como digo, importa Aceite de Oliva Virgen Extra de la variedad picual, que tiene un sabor exquisito y que en casa nos ha encantado. El aceite se produce artesanalmente en el paraíso español del aceite: la provincia de Jaén y proviene de olivos centenarios de la familia directa de esta pareja.

Ellos se llaman Carmen y Ángel y os dejo aquí su contacto (Teléfono: 017660007881) por si os apetece probar el aceite que importan. Lo venden en botellas de 0,2l, para probarlo, de 0,5l, para regalarlo, o en garrafas de 5l, para consumirlo de verdad :-)


sábado, 14 de mayo de 2016

Educar el paladar con sabores bávaros: Hagebutte, Hollunder, Waldmeister, Rhubarb

El paladar es una cosa totalmente cultural ¿no? En unos países los niños toman ajo en las comidas desde pequeños y de mayores no pueden vivir sin él. En otros es cúrcuma, en otras partes es cilantro...

Los niños de familias binacionales (ojo: también los hijos de familias gourmets ;-) ) tienen la suerte de estar expuestos a una mayor cantidad de sabores, los que vienen de la familia, de donde quiera que ésta venga, y los del sitio donde viven.

Uno de los sabores más característicos, aunque extraño al principio, pero casi adictivo una vez que lo pruebas, es el de la solución alcalina que es la base de los Brezen: Lauge.

Pero aquí te encuentras otros sabores que no conocías, o que casi no habías probado antes.
Muchos de ellos, además, se encuentran en alimentos que les gustan a los niños.
Igual, para algunos de vosotros estos sabores ya eran familiares antes de venir a Alemania, pero yo, la mayoría no sabía ni que existían antes de vivir aquí.

Por ejemplo Hagebutte. Hagebutte es escaramujo, también llamado rosa mosqueta. Yo antes sólo lo había visto en forma de aceite esencial con propiedades estupendas para la piel. Pero aquí la infusión del fruto de la rosa mosqueta, o Hagebuttentee se consume bastante. Se encuentra en cualquier supermercado y es una infusión que les suelen dar a los niños (en nuestra casa, Kindertee es simplemente Hagebuttentee). Además de tener propiedades como las vitamina C, D, A y K, tiene un sabor muy agradable.

Otro sabor diferente a los que estamos acostumbrados el el de Rhabarb, el ruibarbo, un vegetal pariente del apio con un cierto sabor ácido. Vale que no es tan raro, pero aquí es un producto de temporada que se consume mucho, precisamente para hacer tartas, compotas y mermeladas. También toman mucho el Rhabarberschorle, un refresco natural que mezcla zumo de ruibarbo con agua con gas.

También está el Waldmeister, la rubilla, también llamada asperilla. Una planta de florecitas blancas, que da unos frutos redonditos cubiertos con púas. Es uno de los sabores que se encuentran en muchas heladerías. Sí, sí... ese de color verde clarito. También es uno de los sabores que ves en el súper, en la sección de gelatinas: están la gelatina de fresa, la de limón, y la de rubilla, de color verde.
    

Y por último el Holunder, el sauco, ese arbusto que justo florece en esta época, a principios de verano y le da a los jardines ese dulce olor tan característico y ese aspecto tan bonito con sus ramilletes de flores blancas, que bañadas en masa de tortitas y pueden comerse fritas. También se encuentran en zumo, y por tanto se toma mucho mezclado con agua con gas, como Holunderschorle.

domingo, 1 de mayo de 2016

Zu Hause Gesund Werden. Por Mamá de Luceros


Suena el despertador. Son las 6 y media. Cuando despierto a mis luceros, el pequeño me dice: “Me encuentro regular”. No le hago mucho caso y me lo llevo a mi cama para que se acabe de despertar. A los cinco minutos le entra un ataque de tos. Le toco la frente y le pongo el termómetro: fiebre alta. Entonces me queda claro: como mínimo, un día sin guardería.

Ante una situación como esta, pongo en marcha mis dotes de resolución de problemas como madre trabajadora de dos luceros y se me van ocurriendo ideas: se queda mi pareja con ellos o me quedo yo, aplazamos algo del trabajo, llamamos a alguien que nos eche una mano, etc.


Como ese día las soluciones habituales resultaron inviables, decido probar una solución novedosa: a las 8 de la mañana llamo a “Zu Hause Gesund Werden”. Se trata de una asociación, creada en 1989, que tiene por objeto ayudar a conciliar la vida laboral y personal de las familias muniquenses. Dispone de un equipo de voluntarias que cuidan a niños enfermos en sus casas para que las madres y los padres puedan ir a trabajar si no encuentran otra solución.


Hasta ahora tenía bastantes reticencias con este sistema porque pensaba que un niño enfermo no se quedaría nunca con una persona desconocida. Craso error, como veréis más adelante.


La persona de la asociación encargada de asignar a las cuidadoras me dice que intentará buscarme a una. Si lo consigue, ella se pondrá directamente en contacto conmigo. Le digo que hoy voy a trabajar desde casa y que no me importa a qué hora venga.


A la media hora suena el teléfono: una señora encantadora me pide que le explique cómo llegar a mi casa. Cuando llega, mis luceros se quedan un poco parados, pues necesitan tiempo para adaptarse a las situaciones nuevas.


La cuidadora lo entiende y se pone a rellenar el formulario con nuestra dirección y los demás datos. Al rato, mis luceros quieren que les ayude a entablar contacto con ella y después todo va sobre ruedas. Yo pude trabajar el tiempo que tenía previsto y ellos se lo pasaron genial: estuvieron coloreando (la señora había traído un cuaderno con dibujos, lápices y un libro), jugando con los Playmobil y los coches, etc. Ella les dio el almuerzo que yo les había dejado (la socorrida pasta) y acostó al pequeñín cuando se quedó dormido tras leer libros.


Me gustó mucho la forma que tenía de tratar a los niños y de jugar con ellos, así como el modo de dirigirse a mí y de entender mi situación, es decir, las dificultades que tenemos las madres y padres para trabajar cuando los niños se ponen enfermos y no tenemos aquí familia que nos pueda ayudar.


Al decirle que me había sacado de un apuro, me contestó: “Si los padres y las madres están a gusto, los niños también lo están”. Cuando se fue, mi lucero mayor me dijo: “Esa señora era muy simpática”.


¿Cómo solicitar una cuidadora?

Llamar entre las 8.00 y las 12.00 al teléfono 089- 2904478. No es necesario inscripción previa. Si es la primera vez que llamas, anotan todos los datos necesarios.


¿Me pueden conseguir siempre una cuidadora?

Eso depende, como en muchos casos, de la oferta y la demanda. En mi caso, tuve suerte porque había una cuidadora libre y yo no tenía prisa por empezar a trabajar. Lo habitual es llamar con más antelación: si es una enfermedad que dura varios días, os podéis quedar en casa el primer día y llamar para solicitar una cuidadora para el resto de los días.

En la época de los resfriados (de diciembre a febrero), es más difícil encontrar una.


¿Cuánto cuesta?

El precio es simbólico y hay que pagarlo en efectivo. En la actualidad, son 6,50 euros por hora o 7,50 euros si hay dos niños enfermos (normalmente, no cuidan a los hermanitos sanos) y también hay que pagar el precio del billete del transporte público. En el caso de familias con apuros económicos, existe la posibilidad de conseguir precios más reducidos.


Otras preguntas más frecuentes

Aquí encontraréis toda la información necesaria:





Ver también: