martes, 19 de abril de 2016

Aeropuertos que piensan en los niños. Por Mamá de Luceros

Casi todas las “mamás en Múnich” tenemos algo en común: cada cierto tiempo vamos de vacaciones a nuestros países de origen. Antes, cuando no tenía hijos, el viaje me venía bien para descansar y reponer las baterías. Me llevaba algún libro interesante, compraba el periódico y aprovechaba para leer o dar una cabezadita.

Viajar con niños es muy distinto. Recuerdo que una de las veces que iba a viajar sola a España con mi primer bebé mi pareja me quiso comprar una revista para el vuelo. “No te molestes”, le dije. “El viaje me lo paso amamantando, cantando nanas para calmar al bebé y yendo y viniendo por el pasillo del avión para dormirlo”.

Ahora mis luceros están bastante creciditos, pero un viaje de varias horas con escala cansa a cualquiera. Por eso se agradece mucho una iniciativa como la del aeropuerto de Zúrich que ha instalado áreas infantiles para facilitar la vida de las familias que hacen escala allí.

Se llaman “Family Services”. A la entrada hay espacio para dejar los carritos de niños, las maletas y las chaquetas. La sala en la que estuvimos es amplia y tiene todo lo necesario para pasar un par de horas agradables con los niños, darles de comer, cambiar pañales, jugar y descansar. No han escatimado en detalles prácticos: hay cambiadores para bebés, vajilla de plástico para niños, una mesa para comer, microondas, etc.

Mis luceros se lo pasaron en grande. Estuvieron jugando con el Lego y un barco pirata, con un laberinto redondo en el que había una canica, pusieron los peluches en los aviones de juguete y giraron las hélices, jugaron con un puzle gigante y luego clasificaron todas las piezas por colores. Otros niños optaron por el futbolín, los carritos para pasear peluches y muñecas, un juego de construcción, los videojuegos infantiles o leían libros (hay una estantería con libros en inglés, alemán, francés e italiano).

La sala se comunica con un espacio más pequeño en el que han puesto un sofá y un colchón con mantitas y cojines, un sitio ideal para descansar.

Tras pasárselo allí en grande, mis luceros estuvieron muy tranquilitos en el segundo vuelo. Como una familia binacional escribió en el libro de visitas: “Debería haber una sala como esta en todos los aeropuertos del mundo”.

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